
Magdalena, de Wade Davis: una historia contada en el agua
Por: Eduardo Otálora Marulanda
En El infinito en un junco, la escritora española Irene Vallejo muestra cómo la historia de la humanidad está determinada por las palabras que se resistieron a desaparecer, encontrando su lugar en tablillas, papiros, hojas de papel y, actualmente, en discos duros y almacenamientos en la web.
Es, por decirlo de alguna manera, una historia sobre la persistencia. En contraposición a este tipo de historia, se puede plantear la del río Magdalena. Una historia sobre lo que fluye, sobre el cambio.
El río Magdalena nace en el macizo colombiano, en una zona de páramo donde las minúsculas gotas de agua que viajan en las nubes se condensan al tocar las hojas afelpadas de los frailejones. Ahí empieza el cambio: un río vaporoso que viaja por el aire de pronto se convierte en un montón de chorritos de agua que, uniéndose unos con otros, son el nacimiento del imponente Magdalena.
Sobre esta historia que fluye es que habla Wade Davis en su libro Magdalena: historia de Colombia. Él llegó por primera vez al país a los 14 años y, confiesa, desde ese momento quedó cautivado. La pasión por nuestro país lo ha llevado a realizar múltiples viajes e investigaciones. Una de ellas, siguiendo los pasos de su maestro Richard Evans Schultes, le permitió escribir el libro El río, una obra impactante sobre el Apaporis y los ríos de la selva amazónica.
En Magdalena: historia de Colombia, Wade Davis construye una serie de relatos a partir de dos componentes. Por un lado, están las conversaciones que ha tenido con habitantes de las poblaciones rivereñas, por otro, una juiciosa investigación sobre la historia de Colombia. Con esta combinación, el autor logra tejer un hilo narrativo que va presentando la transformación del país y, de alguna manera, también explicando la situación en la que nos encontramos en este momento.
El proyecto de este libro empezó con una conversación casual. En algún momento, luego de que un periodista en Medellín presentó una publicación sobre la botánica de Colombia, Davis dijo que se debería hacer un libro así sobre los ríos. Ahí empezó todo.
Luego viajó siguiendo el recorrido del Magdalena, descubriendo en cada paso que la historia del río es también la historia de Colombia. No sólo porque el 80% de la población del país vive cerca de él, sino porque por sus aguas entró el progreso y por sus aguas también han salido nuestros muertos. Esto sin contar que además el Magdalena recibe gran parte de la contaminación que produce el país.
Visto desde esa perspectiva, el Magdalena es la representación de esa dualidad en la que vive Colombia: la exuberancia de la vida por un lado y, por el otro, la ferocidad de nuestras violencias y el espíritu destructor que nos devora.
De esto también se trata Magdalena: historia de Colombia, porque, como dice el mismo Davis, este no es un libro inocente que sólo busca mostrar una cara del río (y, por añadidura, del país). Se trata de una obra donde la complejidad del río es también la complejidad de nuestra sociedad.
Con este libro, Wade Davis también hace una invitación a la recuperación del río, pero no sólo en términos ambientales. Se trata de que los colombianos repensemos lo que significa el río, que nos cuestionemos, por ejemplo, nuestro deseo de progreso a costa de lo que sea, incluso de vidas humanas y hasta la del río.
Esta es una mirada que obliga a revisarnos como sociedad, para que dejemos de pensar que las cosas horribles “se las lleva la corriente” y que, entonces, la vida puede seguir como si nada. No. La vida no puede continuar olvidando los horrores de nuestras violencias, a nuestros muertos y las toneladas de basuras que lanzamos a los ríos. Toda esa ola de muerte y destrucción nos va también matando lentamente. Es una historia de muerte que viaja de punta a punta del país y que está en nuestras manos cambiar.